MI NOVELA Y EL PERÚ
Ya ha salido en España mi nueva novela, Quítame tus sucias manos de encima, y las primeras entrevistas en la prensa, en las que el Perú es un tema constante de discusión.
Ya ha salido en España mi nueva novela, Quítame tus sucias manos de encima, y las primeras entrevistas en la prensa, en las que el Perú es un tema constante de discusión.
En la revista Dedomedio de este mes, la nueva entrega de “Latinópolis“, con dibujo del maestro Joan Marín.
Me la acabo de encontrar ilustrando un artículo de Valentí Vañó publicado hoy en 20 minutos sobre cuatro autores de cómic (Joan Marín, Juaco Vizuete, David Sánchez y Javier Peinado). Es una de mis páginas favoritas de Plagio, la novela gráfica que estoy preparando con Marín sobre el secuestro que mi esposa sufrió en Lima.
Joan Marín y yo lo contamos en esta página de Latinópolis para DEDOMEDIO:
Pues sí, queridos.
Joan Marín y yo hemos dejado las páginas de Etiqueta Negra y nos hemos ido a Dedomedio.
Atención a las nuevas peripecias de Martínez, el escritor español en Lima. ¡El tipo sigue creyéndose el centro del mundo! O al menos del Perú…
Ésta de arriba es la página de este mes. Podéis ampliarla clicando sobre ella.
Por supuesto, todos los personajes de esta historieta son pura ficción…

Acabo de recibir la sorprendente noticia de que mi filme ¡Soy un pelele! ya se puede descargar gratis en la red.
Alguien ha subido la película a Internet en una versión impecable, y hasta se ha tomado la molestia de añadir una opción de subtítulos en inglés. Increíble.
Ésta es una de las muchas páginas que ha colgado la película.
En fin, llegó la hora de que la obra vuele sola. Ya la podéis disfrutar, odiarla, adorarla, abominar de ella o ignorarla.
Ya es libre.

Gilliam Vargas, “la teta valiente”.
Mi compadre Joan Marín está ahora mismo en Lima.
Fue allá invitado para dar unas conferencias sobre cómic, pero en realidad también tiene una misión secreta: documentarse sobre nuestra nueva novela gráfica, PLAGIO.
Aquí tenéis un poco de información sobre su estadía.
Como sospechaba, Joan también ha caído rendidamente enamorado de Lima.
Unos días allá son el mejor antídoto contra cualquier crisis, nacional o personal.
Disfruta, Joan.
Hace unos días contrasté un curioso fenómeno con un hombre de letras limeño, buen amigo mío, instalado desde hace un lustro en Barcelona.
Ambos habíamos experimentado la misma humillante aventura: la visita insaciable de algún compadre peruano Y homosexual.
Yo le comenté: “Joder, no veas cómo se soltó mi amigo de la selva en Barcelona. Le acompañamos a varios locales de ambiente y, yo que pensaba que venía un poco reprimidito, no daba crédito a lo bien que se adaptó. No apareció por casa en varios días y luego explicaba cómo había ido de cama en cama, con pelos, humedeces y señales”.
Y mi amigo limeño replicaba: “Pucha, a nosotros nos ocurrió igual. El pata que se nos metió en casa se conectaba a Internet, contactaba con algún desconocido y decía: “Ya vuelvo en un ratito, ¿sí?”. Se la pasaba tirando con algún fulano, volvía en unas horas, se conectaba y al rato desaparecía de nuevo a tirar con otro. Mi pareja y yo nos mirábamos: ¡eso es libertad sexual y no lo nuestro!”.
Ambos llegamos a la conclusión de que, si uno quiere tener sexo abundante, frenético y salvaje cada día, hay que hacerse homosexual.
Ser gay y peruano en Barcelona debe de ser el colmo de la felicidad.
El mayor problema de escribir ficción en el Perú es que no se puede aspirar a mucho más que a ser un “representador” de la realidad, tan al gusto español, dado que cualquier cosa que un autor invente nunca estará a la altura de la imaginación que desarrolla el propio país en sus acontecimientos diarios.
¿Qué hay más imaginativo, estrafalario y alucinante que la vida política democrática peruana? Ni Dune presenta un universo tan fantástico, alocado, imposible y trepidante como la saga estelar de Fujimori & Sons.
Así que mis páginas para la serie Latinópolis en la revista Etiqueta Negra son cada vez más realistas y, por eso mismo, inverosímiles para ojos no peruanos.
Ésta es la última. Su coprotagonista, un gran amigo que muchos seguro conocéis:
Ayer dediqué todo el día a leer, de una tumbada y un tirón, Los eunucos inmortales, del escritor Oswaldo Reynoso.
Reynoso es un escritor con quien me identifico íntimamente y cuya hermosa prosa disfruto horrores. Comparto y agradezco su preocupación por el “goce” del camino literario. Sabe adónde lleva al lector pero le gusta que al lector no se le escatime el placer del trayecto. Siempre me transporta con las cortinillas del vagón descorridas a un paisaje sensorial siempre intenso.
Su novela de 1995 es contundente, con momentos portentosos. Me siento cómodo acurrucado en el regazo de su mirada, esa mirada proyectada de dulce desolación, de persona asomada desde el lado equivocado, del que querría ser el centro de la vida y se siente accesorio pasivo a ella, del que se siente estafado por un Dios al que ni se permite permitirle vida para exigirle cuentas… del que se sabe conductor, en vez de detonante y destinatario último de los acontecimientos.
Me apasiona su mirada de peruano apátrida (pero fiel como nadie a sus desarraigos emocionales, que son los que cuentan y determinan) sobre China: otra patria incómoda y, al fin, desagradecida. Me parece una mirada inédita, pues está despojada de ningún paternalismo, de ninguna asunción materialista, de ninguna noción de sabiduría impostada: el narrador no dispone de un país de origen que sienta modelo a aplicar… y tiene tantas cuentas pendientes consigo mismo como el nuevo país que habita. Espera más del “Viejo Mundo” que le acoge de lo que él puede aportar.
Este narrador se confiesa socialista y se trasluce pansexual: su contradicción íntima es la que me une a él y su mirada límpida de voluntad prejuiciosa o de empeño humano en inhumanas preconcepciones, la que me admira y conmueve íntimamente.
Cuando llegué por primera vez a Lima, más ignorante aún que en el día de hoy, la Distribuidora Océano organizó allí una presentación de mi primer libro, y Oswaldo Reynoso fue uno de los presentadores. Si yo hubiera leído previamente Los eunucos inmortales, debería haberle saludado con una infinita inclinación de cabeza, como mínimo china.