LOS 17 FANTÁSTICOS

Gabriel Rimachi es editor y escritor, una mezcla peligrosa, sobre todo para él. Los editores bohemios son raros: si ya un autor maldito lo tiene difícil, los editores malditos son más insólitos que un Quijote.
En enero pasado, Rimachi me regaló, entre tumbos y alegrías, una antología de cuentos editada junto a su compadre Carlos M. Sotomayor: 17 fantásticos cuentos peruanos (Ediciones Casatomada). Lo leí hace meses, pues, y mi recuerdo está distorsionado por el tiempo pasado: pero al mismo tiempo, hay cuentos que se han aposentado en mi memoria.
Con la literatura latinoamericana me sucede que, muchas veces, me resulta más fantástica su ficción supuestamente “realista” que la vertiente voluntariamente fantástica, sobre todo si intenta ser de género: supongo que de esa impregnación sobrenatural que ofrece cualquier aproximación naturalista se deriva el hoy denostado “realismo mágico”. Eso me ocurre también aquí: encuentro forzados varios de los relatos, sobre todo cuando pretenden entrar en las “reglas” de la tradición fantástica estadounidense y europea -tradición de la que está exenta España; a España le pasa parecido, pero por el lado opuesto, el de lo mundano-.
En cuanto al listado de nombres concretos -entiéndase mi enfoque como el de un profano, pues no conozco previamente casi ninguno-, me gustó la frescura de José B. Adolph, cuyo tono acorta distancias con el lector y rompe convenciones narrativas; el juguete algo obvio pero bien narrado de Víctor Miró Quesada; el estilo cuidadosamente desmañado de Gonzalo Málaga, aunque el seleccionado no sea su mejor cuento (pero ya se ha convertido en amigo, así que mi juicio no cuenta); el aura gótico-romántica de Marco García Falcón, que le augura un buen futuro como novelista comercial -en el buen, único sentido de la palabra “comercial”-; la eficacia de Fernando Sarmiento Rissi en su La última risa, aunque los cuentos pop ya han perdido su lustre moderno y hubiera estado bien no concretar la insinuación de identidades (pero a qué escritor le gusta que otro le diga cómo mejorar, presuntamente, su obra: y éste me va a matar cuando me lea, que también somos compis…); el ensimismamiento cósmico de Jeremías Gamboa (qué lejos llegará Gamboa: es de los pocos autores inteligentes que he tenido el gusto de conocer); la sencillez metalinguística, viciada de concurso literario pero servida con donaire, de Lucho Zúñiga, que le aproxima a Miró Quesada; y la autosuficiencia de Joham Page, cuyo elaborado El muro me parece el único relato reconocible como ortodoxamente fantástico que realmente respira.
Sin embargo, para mí la gran sorpresa emocional e intelectual del libro la aporta Enrique Prochazka, a quien nunca leí hasta tener esta compilación en manos, ni había oído mencionar. Prochazka es de esos escritores que están por encima de lo literario: se dan muy pocos en cada generación, escasos. Es de esos autores que bebe de otras fuentes antes que de la propia literatura, que aporta vida antes que estilo, pensamiento antes que tic, que trasciende lo gremial. Es del tipo de escritores que abiertamente admiro: como un Jack London, un Trevanian o un Albert Sánchez Piñol, Prochazka es una persona sabia que transmite miradas originales en su escrito, más allá de palabras bien encadenadas y bien heredadas de otros autores. En otras manos, su cuento podría ser una novela barata; en las suyas es una sorpresa constante, un reto de perspectivas.
Acabo de encontrar este certero artículo de Enrique Vila-Matas sobre una novela de Prochazka editada en España. Con semejante padrinazgo, creo que está claro por qué nuevo nombre deberían apostar las letras peruanas.
Prochazka, aunque siga el método Bedoya de camuflaje urbano y anonimato deliberado, debe darse a conocer más.


Junio 29th, 2009 at 15:25
pero prochazka no es un nuevo nombre, y, dicho sea de paso, ya esta bien tio (sorry prochazka).
Junio 30th, 2009 at 18:35
“Tío” se dice del que tiene edad suficiente para tener sobrinos. Sobrinos tengo desde hace exactamente treinta años… Yo tengo cuatro hijos, el mayor de 20 años. Por favor!
Julio 2nd, 2009 at 16:05
No pues tío, tampoco se pique, además es cierto: la está tío (lo cual no quita en absoluto el tremendo talento que tiene)
Julio 3rd, 2009 at 16:11
No no, si no me pico: por el contrario, señalo que llamarme “tío” es un understatement. Yo estoy para más, de abuelo para arriba.
Muchas gracias por la membrecía y eso pero, ¿qué clasze de fan club de un autor equivoca su apellido?
Julio 8th, 2009 at 9:41
Un fan emocionado.
Julio 10th, 2009 at 0:24
Magnífica respuesta, muchas gracias!