MI NOVELA Y EL PERÚ
Ya ha salido en España mi nueva novela, Quítame tus sucias manos de encima, y las primeras entrevistas en la prensa, en las que el Perú es un tema constante de discusión.
Ya ha salido en España mi nueva novela, Quítame tus sucias manos de encima, y las primeras entrevistas en la prensa, en las que el Perú es un tema constante de discusión.
Pues sí, queridos.
Joan Marín y yo hemos dejado las páginas de Etiqueta Negra y nos hemos ido a Dedomedio.
Atención a las nuevas peripecias de Martínez, el escritor español en Lima. ¡El tipo sigue creyéndose el centro del mundo! O al menos del Perú…
Ésta de arriba es la página de este mes. Podéis ampliarla clicando sobre ella.
Por supuesto, todos los personajes de esta historieta son pura ficción…

Acabo de recibir la sorprendente noticia de que mi filme ¡Soy un pelele! ya se puede descargar gratis en la red.
Alguien ha subido la película a Internet en una versión impecable, y hasta se ha tomado la molestia de añadir una opción de subtítulos en inglés. Increíble.
Ésta es una de las muchas páginas que ha colgado la película.
En fin, llegó la hora de que la obra vuele sola. Ya la podéis disfrutar, odiarla, adorarla, abominar de ella o ignorarla.
Ya es libre.

Gilliam Vargas, “la teta valiente”.
Hace unos días contrasté un curioso fenómeno con un hombre de letras limeño, buen amigo mío, instalado desde hace un lustro en Barcelona.
Ambos habíamos experimentado la misma humillante aventura: la visita insaciable de algún compadre peruano Y homosexual.
Yo le comenté: “Joder, no veas cómo se soltó mi amigo de la selva en Barcelona. Le acompañamos a varios locales de ambiente y, yo que pensaba que venía un poco reprimidito, no daba crédito a lo bien que se adaptó. No apareció por casa en varios días y luego explicaba cómo había ido de cama en cama, con pelos, humedeces y señales”.
Y mi amigo limeño replicaba: “Pucha, a nosotros nos ocurrió igual. El pata que se nos metió en casa se conectaba a Internet, contactaba con algún desconocido y decía: “Ya vuelvo en un ratito, ¿sí?”. Se la pasaba tirando con algún fulano, volvía en unas horas, se conectaba y al rato desaparecía de nuevo a tirar con otro. Mi pareja y yo nos mirábamos: ¡eso es libertad sexual y no lo nuestro!”.
Ambos llegamos a la conclusión de que, si uno quiere tener sexo abundante, frenético y salvaje cada día, hay que hacerse homosexual.
Ser gay y peruano en Barcelona debe de ser el colmo de la felicidad.

Algo así debe de estar viviendo la sociedad peruana con un caso como el de sus folclóricas Alicia Delgado y Abencia Meza.
Como siempre, es el diario Trome el que aporta la nota precisa de la trama: ya se sabe que el arpista siempre toca dos veces.
Siempre que me llevan por la Vía Expresa y me cruzo con una agente de policía Fénix, me imagino que me arrojo del taxi para agarrarme de la piernaza femenina y conminar a su dueña a que descargue contra mí el peso de la Ley… o mejor el suyo propio.
De ahí a fantasear con porno cholo hay un paso. A menudo me pregunto si existe demanda de cine X con peruanitas y, si existe, cuál sería la manera de explotarlo económicamente en un país donde la piratería impide la circulación de deuvedés oficiales. ¿Habría mercado posible en el extranjero, entre los países ricos?
La respuesta es Internet, claro. Supongo que el éxito de www.cholotube.com es significativo al respecto. Pero, aun así, hay un déficit de producto de ficción pornográfico latinoamericano. ¿Por qué no hacer películas sobre Magalys y Kinas Malpartidas en clave sexual? ¿Por qué no la Versión X de “La Matanza de Uchuraccay”, donde los periodistas invasores, en vez de ser masacrados y enterrados por un pueblo de serranos ajenos a la vida ajena, fueran asaltados, violados e iniciados en una senda inédita de placer cósmico por una horda de serranitas ninfómanas que no comprenden castellano pero sí los orgasmos múltiples?
¿Por qué no crear una élite de actrices porno que compita con la de las vedettes? ¿Un comando de malcriadas bientiradas? Quizá se presentaran a la oferta de sexo filmado las mismas muchachas: para terminar saliendo calata en una película de cine convencional, ¿no les saldría más a cuenta redondear la actuación con un número completo? Angie Jibaja diría sí. (Ya sé, ya sé, no hace falta dárselas de experto para adivinar eso…). Quizá hasta nos regalara un número gratis de lluvia dorada.
Todo depende de la profesionalidad y el salario ofrecidos, claro. La fuerte y rígida influencia católica en la población es de hecho una ventaja: nunca hay personas tan viciosas como en las sociedades religiosas. Estoy convencido de que un dinero considerable y un rodaje con garantías atraerían muchísimas mujeres con ganas de ganar plata y pasarlo bien.
Y a muchos hombres con… ganas.

Ésa fue la primera pregunta que me hice la primera vez que llegué al Perú.
Naturalmente, las civilizaciones occidentales suelen obviar hoy día las cuestiones antropológicas, ya que se considera de mal gusto poner sobre la mesa consideraciones de tipo físico que englobe comunidades y/o incluso países enteros. Generalizar está muy mal visto, porque de la generalización a la cosificación de los pueblos parece haber un trecho corto. O eso piensan.
Por suerte, yo no me considero una persona muy civilizada, así que no me importa ejercer de genetista lego, cual científico mengueliano acogido por país latino para proseguir sus fantasías supremacistas, exclusivamente eróticas.
El caso es que me chocó muchísimo tal contraste: ¿por qué el mestizaje ha actuado de manera tan favorable a las hembras, creándolas de rasgos rotundos pero suaves, ojos rasgados de intrigante belleza y atractivo emanado tanto de su mirada, como de sus curvas, como de su piel? Otras mujeres de otros países sudamericanos, como las colombianas, suelen burlarse de las chicas del Perú, por indias y chatas (incide aquí un componente racista que siempre me ha chocado, al producirse tan vivamente entre sociedades oficialmente mestizas), y tienen a gala ser más hermosas que ellas. Ciertamente las colombianas son poseedoras de un físico más “espectacular”, desde el punto de vista del glamour y de la exhibición de pasarela; sin embargo, el misterio de los ojos peruanos y la melosidad envenenada de su esencia no la cambio yo por ninguna modelo de Pereira sin operar.
Contrastadamente, los hombres peruanos suelen ser no solamente bajitos, sino también feúchos y descangallados; y, lo que es más sorprendente, absolutamente abandonados de sí mismos.
Es el fenómeno peruano opuesto, pues, al que se da en un país situado en las antípodas de su apariencia física, ya que en la rubia Alemania ocurre absolutamente todo lo contrario: la generalidad de los hombres resulta esbelta, apolínea, de facciones hermosas y varoniles; igualmente, las mujeres son también masculinas, pero zancudas, toscas, torpes de movimientos, inexpresivas y muy, muy feas.
Estamos hablando de mayorías. Por supuesto, hay excepciones de alemanas hermosísimas y peruanos de sublime apostura.
Pero no me gustaría ser mujer en el Perú.
En cambio, ser hombre peruano es una suerte bendita del cielo.
Si se es hombre heterosexual, claro.
