Jun 30 2009

¿EXISTE DEMANDA DE PORNO CHOLO?

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Siempre que me llevan por la Vía Expresa y me cruzo con una agente de policía Fénix, me imagino que me arrojo del taxi para agarrarme de la piernaza femenina y conminar a su dueña a que descargue contra mí el peso de la Ley… o mejor el suyo propio.

De ahí a fantasear con porno cholo hay un paso. A menudo me pregunto si existe demanda de cine X con peruanitas y, si existe, cuál sería la manera de explotarlo económicamente en un país donde la piratería impide la circulación de deuvedés oficiales. ¿Habría mercado posible en el extranjero, entre los países ricos?

La respuesta es Internet, claro. Supongo que el éxito de www.cholotube.com es significativo al respecto. Pero, aun así, hay un déficit de producto de ficción pornográfico latinoamericano. ¿Por qué no hacer películas sobre Magalys y Kinas Malpartidas en clave sexual? ¿Por qué no la Versión X de “La Matanza de Uchuraccay”, donde los periodistas invasores, en vez de ser masacrados y enterrados por un pueblo de serranos ajenos a la vida ajena, fueran asaltados, violados e iniciados en una senda inédita de placer cósmico por una horda de serranitas ninfómanas que no comprenden castellano pero sí los orgasmos múltiples?

¿Por qué no crear una élite de actrices porno que compita con la de las vedettes? ¿Un comando de malcriadas bientiradas? Quizá se presentaran a la oferta de sexo filmado las mismas muchachas: para terminar saliendo calata en una película de cine convencional, ¿no les saldría más a cuenta redondear la actuación con un número completo? Angie Jibaja diría sí. (Ya sé, ya sé, no hace falta dárselas de experto para adivinar eso…). Quizá hasta nos regalara un número gratis de lluvia dorada.

Todo depende de la profesionalidad y el salario ofrecidos, claro. La fuerte y rígida influencia católica en la población es de hecho una ventaja: nunca hay personas tan viciosas como en las sociedades religiosas. Estoy convencido de que un dinero considerable y un rodaje con garantías atraerían muchísimas mujeres con ganas de ganar plata y pasarlo bien.

Y a muchos hombres con… ganas.

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Jun 27 2009

“EN PERÚ NUNCA ES TARDE PARA SACAR UNA MONEDA EXTRA, PARA HACER ALGÚN CHANCHULLO O BURLAR LA LEY”

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Lo dice hoy este artículo, titulado “La increíble picaresca peruana”, en el diario español EL MUNDO.

No parece un artículo subvencionado por el Ministerio de Turismo del Perú, precisamente.

Lo más divertido es la frase final del texto, en la que la autora intenta quedar bien y desmentir absurdamente todo lo expuesto antes, por si la reciben en su próxima parada a pedradas.

Hay un viejo proverbio (bueno, es de Stephen King, pero sirve al caso) que dice: “Si me estás meando en la pierna, no me digas que es la lluvia”.


Jun 25 2009

LA CARACTERÍSTICA Y MÍTICA BELLEZA DEL VARÓN ESPAÑOL

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Una vez más, podemos constatar que los españoles son mucho más guapos que los peruanos, gracias a este trío de gráciles jóvenes chapetones. Cuánto derroche de hermosura varonil.

Vean, vean y sufran qué horror de hombres.

PD. La canción me gusta. ¡Reggaetón flamencorro!


Jun 23 2009

LOS 17 FANTÁSTICOS

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Gabriel Rimachi es editor y escritor, una mezcla peligrosa, sobre todo para él. Los editores bohemios son raros: si ya un autor maldito lo tiene difícil, los editores malditos son más insólitos que un Quijote.

En enero pasado, Rimachi me regaló, entre tumbos y alegrías, una antología de cuentos editada junto a su compadre Carlos M. Sotomayor: 17 fantásticos cuentos peruanos (Ediciones Casatomada). Lo leí hace meses, pues, y mi recuerdo está distorsionado por el tiempo pasado: pero al mismo tiempo, hay cuentos que se han aposentado en mi memoria.

Con la literatura latinoamericana me sucede que, muchas veces, me resulta más fantástica su ficción supuestamente “realista” que la vertiente voluntariamente fantástica, sobre todo si intenta ser de género: supongo que de esa impregnación sobrenatural que ofrece cualquier aproximación naturalista se deriva el hoy denostado “realismo mágico”. Eso me ocurre también aquí: encuentro forzados varios de los relatos, sobre todo cuando pretenden entrar en las “reglas” de la tradición fantástica estadounidense y europea -tradición de la que está exenta España; a España le pasa parecido, pero por el lado opuesto, el de lo mundano-.

En cuanto al listado de nombres concretos -entiéndase mi enfoque como el de un profano, pues no conozco previamente casi ninguno-, me gustó la frescura de José B. Adolph, cuyo tono acorta distancias con el lector y rompe convenciones narrativas; el juguete algo obvio pero bien narrado de Víctor Miró Quesada; el estilo cuidadosamente desmañado de Gonzalo Málaga, aunque el seleccionado no sea su mejor cuento (pero ya se ha convertido en amigo, así que mi juicio no cuenta); el aura gótico-romántica de Marco García Falcón, que le augura un buen futuro como novelista comercial -en el buen, único sentido de la palabra “comercial”-; la eficacia de Fernando Sarmiento Rissi en su La última risa, aunque los cuentos pop ya han perdido su lustre moderno y hubiera estado bien no concretar la insinuación de identidades (pero a qué escritor le gusta que otro le diga cómo mejorar, presuntamente, su obra: y éste me va a matar cuando me lea, que también somos compis…); el ensimismamiento cósmico de Jeremías Gamboa (qué lejos llegará Gamboa: es de los pocos autores inteligentes que he tenido el gusto de conocer); la sencillez metalinguística, viciada de concurso literario pero servida con donaire, de Lucho Zúñiga, que le aproxima a Miró Quesada; y la autosuficiencia de Joham Page, cuyo elaborado El muro me parece el único relato reconocible como ortodoxamente fantástico que realmente respira.

Sin embargo, para mí la gran sorpresa emocional e intelectual del libro la aporta Enrique Prochazka, a quien nunca leí hasta tener esta compilación en manos, ni había oído mencionar. Prochazka es de esos escritores que están por encima de lo literario: se dan muy pocos en cada generación, escasos. Es de esos autores que bebe de otras fuentes antes que de la propia literatura, que aporta vida antes que estilo, pensamiento antes que tic, que trasciende lo gremial. Es del tipo de escritores que abiertamente admiro: como un Jack London, un Trevanian o un Albert Sánchez Piñol, Prochazka es una persona sabia que transmite miradas originales en su escrito, más allá de palabras bien encadenadas y bien heredadas de otros autores. En otras manos, su cuento podría ser una novela barata; en las suyas es una sorpresa constante, un reto de perspectivas.

Acabo de encontrar este certero artículo de Enrique Vila-Matas sobre una novela de Prochazka editada en España. Con semejante padrinazgo, creo que está claro por qué nuevo nombre deberían apostar las letras peruanas.

Prochazka, aunque siga el método Bedoya de camuflaje urbano y anonimato deliberado, debe darse a conocer más.


Jun 19 2009

Latinópolis inédito

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Si entráis en la web de la revista literaria Etiqueta Negra y revisáis la edición lanzada este mes o su versión en papel (en ambos casos, el número 72), comprobaréis que la página 98, habitualmente reservada a la serie de cómic LATINÓPOLIS -serie que el dibujante valenciano Joan Marín y un servidor realizamos mensualmente para dicha revista-, no alberga esta vez nuestra obra.

La razón es muy sencilla, pero, como todo, requiere su explicación: LATINÓPOLIS es un cómic que explica las peripecias de un escritor español en una metrópolis latinoamericana. El escritor español se llama Martínez, es un trasunto mío -de carácter algo más miserable, espero- y sus experiencias son, casi siempre, una distorsión tragicómica de mis propias experiencias en Lima.

En nuestra tercera entrega de la serie, Joan y yo decidimos ridiculizar aún más el caso de Martínez, contrastándolo con el de otro escritor de singladura opuesta: o sea, plasmando, en tono de comedia, tanto el estereotipo del escritor español que halla fortuna en Latinoamérica como el del escritor latinoamericano que halla fortuna en España. Para modelar el personaje contrapuesto, elegí parodiar al autor criollo Santiago Roncagliolo, a quien tengo la fortuna de conocer personalmente y que, entre otras muchas virtudes, destaca por su fabuloso sentido del humor. No le pedí permiso para parodiarle, básicamente porque creo que una parodia de ficción no lo requiere, y porque el personaje que me ¿retrata? sale mucho peor parado -me parece, o al menos he tratado de que así sea- que el estereotipo -con todas sus simplificaciones- basado en él.

En cualquier caso, la dirección de Etiqueta Negra decidió no publicar esta página, ya que su política editorial prefiere la no inclusión de referencias directas o indirectas a amigos y colaboradores que puedan herir la sensibilidad de éstos; así como prefirió que, como amigo de la revista, Roncagliolo tampoco fuera informado de la existencia de la página para, en última instancia, pronunciar su visto bueno o su veto a la misma: no quisieron colocarle en esa tesitura. Se trata de una política editorial absolutamente respetable, y para mí tal decisión no reviste ningún atisbo de censura, dado que Etiqueta Negra, desde un primer momento, nos avisó a Joan y a mí de que tendría la última palabra antes de dar el sí definitivo a cada colaboración.

De ahí, pues, la ausencia de LATINÓPOLIS en Etiqueta Negra, este mes.

De todas maneras, por respeto también al trabajo que invirtió Joan y porque, qué cojones (léase “pucha”), me parece que la página quedó muy divertida, aquí la ofrecemos para el disfrute gratuito de los internautas.

¡Nos vemos el mes que viene en Etiqueta Negra!

PD. Por cierto: aquí y acá se encuentran las dos primeras entregas de la serie.


Jun 15 2009

¿Por qué las mujeres peruanas son tan hermosas y los hombres peruanos tan horrorosos?

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Ésa fue la primera pregunta que me hice la primera vez que llegué al Perú.

Naturalmente, las civilizaciones occidentales suelen obviar hoy día las cuestiones antropológicas, ya que se considera de mal gusto poner sobre la mesa consideraciones de tipo físico que englobe comunidades y/o incluso países enteros. Generalizar está muy mal visto, porque de la generalización a la cosificación de los pueblos parece haber un trecho corto. O eso piensan.

Por suerte, yo no me considero una persona muy civilizada, así que no me importa ejercer de genetista lego, cual científico mengueliano acogido por país latino para proseguir sus fantasías supremacistas, exclusivamente eróticas.

El caso es que me chocó muchísimo tal contraste: ¿por qué el mestizaje ha actuado de manera tan favorable a las hembras, creándolas de rasgos rotundos pero suaves, ojos rasgados de intrigante belleza y atractivo emanado tanto de su mirada, como de sus curvas, como de su piel? Otras mujeres de otros países sudamericanos, como las colombianas, suelen burlarse de las chicas del Perú, por indias y chatas (incide aquí un componente racista que siempre me ha chocado, al producirse tan vivamente entre sociedades oficialmente mestizas), y tienen a gala ser más hermosas que ellas. Ciertamente las colombianas son poseedoras de un físico más “espectacular”, desde el punto de vista del glamour y de la exhibición de pasarela; sin embargo, el misterio de los ojos peruanos y la melosidad envenenada de su esencia no la cambio yo por ninguna modelo de Pereira sin operar.

Contrastadamente, los hombres peruanos suelen ser no solamente bajitos, sino también feúchos y descangallados; y, lo que es más sorprendente, absolutamente abandonados de sí mismos.

Es el fenómeno peruano opuesto, pues, al que se da en un país situado en las antípodas de su apariencia física, ya que en la rubia Alemania ocurre absolutamente todo lo contrario: la generalidad de los hombres resulta esbelta, apolínea, de facciones hermosas y varoniles; igualmente, las mujeres son también masculinas, pero zancudas, toscas, torpes de movimientos, inexpresivas y muy, muy feas.

Estamos hablando de mayorías. Por supuesto, hay excepciones de alemanas hermosísimas y peruanos de sublime apostura.

Pero no me gustaría ser mujer en el Perú.

En cambio, ser hombre peruano es una suerte bendita del cielo.

Si se es hombre heterosexual, claro.

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